23 de octubre: San Ignacio de Constantinopla, obispo
Texto del Evangelio Jn 15,9-17
«Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos».
Comentario del Evangelio
Hoy la Iglesia —en Oriente y en Occidente— celebra a san Ignacio de Constantinopla (799-877). Ignacio nació en una familia noble del Imperio Bizantino. Siendo joven, renunció a la riqueza para seguir a Dios y se hizo monje, buscando una vida sencilla y dedicada a Dios. Esta decisión ya muestra su deseo de coherencia.
Más tarde, fue escogido patriarca de Constantinopla, pero tuvo muchos problemas porque defendía la verdad y la libertad de la Iglesia ante los poderosos. Un hecho destacado es que se negó a dar la comunión al emperador Bardas por su conducta inmoral. Este gesto valiente le costó la destitución y el exilio. Aun así, Ignacio no cedió ni buscó venganza. Durante sus años de exilio continuó rezando y manteniéndose fiel a su misión. Finalmente, fue restituido como patriarca, mostrando que la verdad acaba dando fruto.
—Su vida nos enseña que vale la pena ser fieles a la verdad, aunque sea difícil, y que Dios siempre acompaña a quienes no se rinden.