«El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
Comentario del Evangelio
Hoy, la Iglesia celebra a san Olaf II el Grande (995-1030), rey de los vikingos y patrono de Noruega. En tiempos de Olaf las palabras de Cristo («el que quiera ser grande, sea vuestro servidor») chocaban con la mentalidad de muchos gobernantes.
La conversión de Olaf (a. 1015) transformó radicalmente su forma de reinar. Su grandeza radicó en subordinar su corona a la soberanía de Cristo. Implementó el célebre “Código de Leyes Cristianas” en la asamblea de Moster (c. 1020). Por primera vez en su tierra, las leyes —inspiradas en el “derecho cristiano”— defendieron a los vulnerables, abolieron la esclavitud de los prisioneros y protegieron a las mujeres y a los niños. Las reformas emprendidas por Olaf suscitaron el rechazo y la rebelión de oponentes paganos. Olaf sufrió exilio y, finalmente, perdió la vida en una batalla en su intento de regresar a Noruega. Según la tradición, sus últimas palabras fueron: “Dios, ayúdame”.
—Olaf II “el Santo” entendió que legislar con rectitud era una forma concreta de lavar los pies a su pueblo. Su autoridad nació de un servicio cimentado en el Evangelio: el rey se hizo siervo.